Regalos
Regalar una experiencia en vez de un objeto
Un objeto se gasta o acaba en un armario. Una experiencia se queda como recuerdo, siempre que se elija de verdad y no al azar.
Regalar un objeto es fácil de valorar: tiene una talla, un color, un precio marcado. Regalar una experiencia —un curso de cerámica, un masaje, un fin de semana, un concierto— tiene fama de ser más delicado, porque no hay nada que probar antes, nada que cambiar si no encaja. Es cierto. No es un motivo para renunciar a ello.
Por qué una experiencia deja más huella
Estudios de psicología, especialmente los del investigador Thomas Gilovich en Cornell, muestran que la gente suele recordar con más cariño una experiencia vivida que un objeto poseído, con el paso de los años. Un objeto se integra en el día a día y deja de notarse; el recuerdo de una escapada o de un momento compartido sigue siendo identificable en el tiempo.
El verdadero obstáculo: acertar sin adivinar
El problema no es la naturaleza del regalo, es la incertidumbre. Regalar un curso de cocina a alguien que odia cocinar es un fracaso, igual que regalar un jersey de la talla equivocada. La solución es la misma en ambos casos: no adivinar, sino preguntar —o, más discretamente, dejar que la persona anote sus caprichos de experiencias en algún sitio antes de que llegue la ocasión.
- Una entrada de concierto para un artista que ya sigue.
- Un curso puntual en un ámbito que dice querer probar desde hace tiempo.
- Una escapada en pareja en vez de un objeto más.
Guardar una experiencia en una lista
Una experiencia se anota como un objeto: un enlace a la venta de entradas, una foto del curso que ha visto, una línea de texto que explica el capricho. Eso evita el error clásico: quien regala elige al azar una experiencia que le parece «original» en vez de la que la persona esperaba de verdad. Y para quienes prefieren decidirse en el último momento a pesar de todo, la pregunta se plantea de otra forma —consulta el regalo de última hora, hecho correctamente.
Lo que quita, lo que añade
Una experiencia no ocupa una estantería. Eso sí, exige un poco más de organización previa: una fecha que fijar, a veces una reserva que hacer con antelación. Es un intercambio razonable por un regalo que tiene buenas probabilidades de seguir contándose dentro de cinco años.
Preguntas frecuentes
¿Es una experiencia un regalo más arriesgado que un objeto?
Solo es arriesgada si se elige al azar. Anotada de antemano por la persona interesada, una experiencia no es más incierta que un objeto concreto pedido de la misma forma.
¿Qué hacer si la experiencia prevista ya no puede tener lugar en la fecha regalada?
La mayoría de entradas, cursos o bonos con fecha flexible se pueden aplazar o cambiar; conviene comprobar esta condición antes de comprar, no después.
¿Se pueden combinar objetos y experiencias en un mismo regalo?
Sí, nada impide asociar un objeto útil a la experiencia con un pequeño accesorio ligado al momento regalado, siempre que el conjunto esté pensado y no añadido solo para dar volumen.
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