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Experiencia

Los regalos de los que uno se arrepiente (y cómo evitarlos)

Un regalo fallido casi nunca es un problema de gusto. Casi siempre es un problema de información.

Los regalos que acaban en un cajón siguen patrones muy reconocibles.

El regalo del que uno se arrepiente casi nunca es el que se eligió mal por falta de gusto. Es el que se eligió sin suficiente información sobre la persona, o escuchando sobre todo los propios deseos de quien regala.

El regalo que a uno le habría gustado recibir

Es la trampa más habitual: regalar lo que nos gustaría a nosotros, en vez de lo que le gustaría a la persona de enfrente. Un perfume que adoramos, un libro que nos encantó, un objeto que encontramos bonito. El regalo parte de una buena intención pero ignora los gustos reales del destinatario.

La talla y el color adivinados

Ropa, zapatos, joyas: buena parte acaba sin usar por una talla o un color mal adivinados. Solo se arregla preguntando directamente, o fiándose de indicaciones precisas dejadas por la propia persona, en lugar de calcularlo a ojo.

El aparato que nunca se va a usar

Los objetos «prácticos» pero muy específicos, un accesorio de cocina de un solo uso, un gadget electrónico de nicho, acaban a menudo en el fondo de un armario porque responden a un uso que la persona no tiene realmente. Un objeto cotidiano, pero en una versión que ella apreciaría más, funciona casi siempre mejor que un gadget nuevo que nunca ha pedido.

El regalo comprado con prisas

Un regalo de última hora suele llevar las huellas de la precipitación: menos pensado, elegido en un surtido limitado, a veces repetido con lo que otra persona cercana ya ha regalado. Anticiparse, aunque sea unas semanas, reduce bastante ese riesgo, igual que una lista de deseos bien cuidada reduce el de acertar a medias.

Qué hacer una vez recibido el regalo

Un regalo que no encaja no es una fatalidad. Cambiarlo, dárselo a otra persona a quien le vendría mejor, o simplemente decírselo con tacto a quien lo regaló: estas opciones existen y no están peor vistas que una sonrisa educada ante un objeto que nunca se va a usar.

Cada uno de estos arrepentimientos sigue en realidad un patrón reconocible desde antes de la compra: ya se duda sobre la talla, se elige un objeto porque nos gusta a nosotros, se corre porque se acerca la fecha. Tomarse dos minutos para pensar cuál de estos patrones se aplica al regalo que se está eligiendo suele bastar para cambiar de rumbo a tiempo. No es una garantía absoluta, ningún regalo la tiene, pero es un acto reflejo sencillo que evita buena parte de los cajones que se llenan de objetos nunca usados.

Preguntas frecuentes

¿Por qué algunos regalos gustan en el momento y luego acaban en el cajón?

La cortesía del momento suele esconder un desinterés real. La persona sonríe al recibirlo por amabilidad, lo que no significa que el objeto encaje con sus gustos o su uso diario.

¿Cómo evitar adivinar una talla o un color?

Preguntar directamente sigue siendo la forma más fiable, aunque parezca quitar algo de sorpresa. Una lista donde la propia persona indica sus tallas y preferencias resuelve el problema sin conversación incómoda.

¿Hay que decirle a alguien que su regalo no encaja?

No es obligatorio, pero un comentario amable y concreto suele ayudar a la persona a elegir mejor la próxima vez. Lo esencial es reconocer la intención antes de mencionar el problema.

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